
Dado que entre los mandatos reales estaba el de hallar especias, Cristóbal Colón llevó a América un muestrario de las especias más requeridas, para saber si allí había nuevas fuentes de provisión.
Fue así que les mostró a los indios un puñado de pimienta negra, seca. Sin embargo los nativos, al verla, la confundieron, por su similitud, con las bayas de un gran árbol que crecía en los acantilados que bordean la isla.Se trataba, efectivamente, de pimienta, pero de un nuevo tipo.
Esto hizo que no quedara totalmente esclarecida la existencia de esta nueva variedad, la pimienta de Jamaica, en el Nuevo Continente. La razón era que, al igual que otros europeos de esa época, los españoles creían firmemente que las especias sólo procedían del Lejano Oriente. Fundamentalmente por esa razón, recién en 1509 los españoles identificaron el árbol y prestaron atención a su baya.
Dos siglos después, fue introducida en Inglaterra y de allí a toda Europa esta variedad de pimienta que, según los entendidos, tiene la particularidad de concentrar los sabores de otras cuatro especias: la nuez moscada, la canela, el jengibre y el clavo de olor.
Un fruto con personalidad
Considerada "el espíritu de la cocina", la pimienta es una baya rojiza, fruto del pimentero, que al secarse toma un color negruzco, dándole el nombre a la pimienta negra. Descortezada, se convierte en pimienta blanca. Su nombre científico es piper nigrum y es originaria del sudeste de Asia. La llamada "de Cayena" es la más picante de todas, pero la de Jamaica también lo es, dado que es el fruto poco maduro de la planta. Por este motivo, ambas deben usarse con discreción.